Salud del gato
La salud del gato es sensible sobre todo a las enfermedades de origen vírico y de difícil tratamiento, si es que éste existe. La prevención es clave y la vacuna supone la única posibilidad de respuesta por parte del organismo de nuestro animal.
ENFERMEDADES MAS FRECUENTES
- Panleucopenia felina:
Enfermedad de origen vírico que causa problemas gastrointestinales (vómitos, diarreas y pérdidas de peso). Si sucede en gatos jóvenes, el peligro es mayor. No asociada a otra enfermedad vírica, tiene tratamiento sintomático y puede evolucionar de manera positiva. Existe vacuna, que no debe inocularse en hembras gestantes o gatos menores de 4 meses.
2- Rinotraqueitis y Coriza
Ambas enfermedades provocan signos respiratorios tanto en orificios nasales como en vías respiratorias, conjuntivitis y úlceras en boca. Es frecuente que aparezcan en gatos jóvenes de la calle o en camadas sin vacunación alguna. Tienen tratamiento sintomático, pero pueden dejar secuelas en el animal. El Coriza se debe fundamentalmente a la acción de un herpesvirus y un calicivirus.
3- La clamidiasis:
Es una enfermedad bacteriana que provoca rinitis y conjuntivitis. Es difícil de solucionar si está acompañada de lesiones por virus del coriza. Los gatos que parecen estar curados pueden ser durante mucho tiempo portadores de la bacteria.
4- Leucemia felina:
El virus de la leucemia felina (FeLV) se transmite entre los gatos por contacto directo de saliva o secreciones nasales de gatos enfermos (lamidos o compartir platos de comida). Hay gatos que desarrollan una infección latente, otros mueren por la enfermedad y otros son virémicos transitorios (con presencia del virus en sangre). Pueden aparecer distintos síndromes clínicos debidos al virus, a la inmunosupresión que éste provoca y a las infecciones secundarias. Los síntomas varían desde anorexia (pérdida de apetito), decaimiento, linfadenopatías (problemas linfáticos), diarreas, problemas de tipo respiratorio y linfomas. El pronóstico es reservado, aunque la mayoría mueren en 2-3 años. De ahí la importancia de su vacunación.
5- Inmunodeficiencia felina:
También se contagia por contacto directo entre los gatos afectados y gatos sanos (realmente el contagio es por mordiscos entre ellos). Suelen estar más afectados los machos por las peleas. En una primera fase aparecen fiebre, linfadenopatía y alteraciones sanguíneas. Produce un estado de inmunodeficiencia similar al SIDA en los humanos tras meses o años. Las infecciones secundarias son a menudo las que provocan la muerte del gato. No hay vacunas ni tratamiento efectivo.
6- Peritonitis infecciosa felina:
Es un coronavirus el agente causal de esta enfermedad que se transmite por las secreciones oronasales y las heces de gatos infectados. Pueden presentar variedad de síntomas: signos compatibles con infecciones de las vías respiratorias, fiebre, vómitos, diarreas. Lo sufren normalmente individuos jóvenes o menores de cinco años. Puede padecerse de una _forma efusiva_, con acumulo de líquido en abdomen entre otras alteraciones, y de forma _no efusiva_, que cursa con alteraciones oculares y/o alteraciones del sistema. Existe vacuna de administración intranasal.
Los signos o síntomas que nos sugieren esta enfermedad son:
- Gato de raza pura; menor de 5 años o mayores de 10.
- Adquirido en criadero o en residencia de animales.
- Anorexia (falta de apetito), pérdida de peso y convulsiones.
- Fallos en la reproducción.
- Analítica positiva al virus de la leucemia.
- Pleuritis, fiebre, distensión abdominal, ictericia, aumento del bazo y del hígado.
7- Rabia:
Enfermedad extinguida actualmente en España. Es de origen vírico y se transmite por mordeduras de animales infectados. El virus avanza por el sistema nervioso del animal y llega al cerebro apareciendo los signos claros de la enfermedad. Produce distintos cuadros clínicos (desde agresividad a letargia). Su vacunación es obligada para viajar al exterior del país y muy aconsejada en todas las ciudades, aunque no obligatoria en algunas regiones. Es una zoonosis y podría contagiarse al hombre.
ENFERMEDADES COMUNES
Parásitos gastrointestinales
Los gusanos intestinales (más frecuentes de lo que se piensa) privan al gato de la principal fuente nutritiva, pueden producir cólicos, náuseas, vómitos, diarreas, anemias y fuertes irritaciones y lesiones en el aparato gastrointestinal. La madre puede transmitirlos a sus cachorros con anterioridad al parto o a través de la lactancia.
Ascáris, anquilostomas, tenias, etc. son además transmisibles al hombre, por lo que se hace imprescindible seguir un correcto programa de desparasitación (periódica y preventiva).
Éste comenzará desde prácticamente recién nacido y se extenderá a lo largo de toda su vida. Hoy en día disponemos de productos que de una manera sencilla y cómoda nos ayudan a combatir con seguridad estos molestos y peligrosos parásitos.
Por otro lado, para evitar el riesgo de transmisión al hombre habría que tener en cuenta varios aspectos:
- Recoger y eliminar los excrementos de los animales en la basura.
- Lavarnos las manos tras tocar a las mascotas y especialmente antes de comer, evitar a los niños la ingestión de tierra así como el jugar y chupar objetos o juguetes que hayan contactado con jardines, evitar que los animales nos chupen la cara, lavar muy bien las verduras crudas, evitar la ingestión de carnes poco cocinadas.
Parásitos externos
Pulgas
Pequeños insectos chupadores de sangre, sólo algunas de las especies existentes afectan a los gatos y de éstas unas pocas pueden trasmitirlas a las personas. Pasan una parte de su ciclo vital sobre el gato alimentándose y otra parte del ciclo en el ambiente en que se reproducen.
Los síntomas que pueden hacernos pensar que nuestro gato está parasitado por pulgas son:
- Examinando meticulosamente su pelaje podremos llegar a ver esos bichitos oscuros, de 1-2 milímetros de longitud, que escapan rápidamente de nuestra vista y se refugian especialmente en área perineal, ingles, abdomen y lomo. También es signo inequívoco el encontrar sus excrementos, puntitos negros, como arenilla, en la base de cualquier pelo y a menudo en la cabeza, barbilla, cuello y espalda.
- Por el comportamiento del gato: se muestra inquieto, nervioso, gira de golpe la cabeza, se mordisquea y rasca desesperado.
La prevención o el ataque a las pulgas debe hacerse en dos frentes:
Animal: En los gatos que viven en apartamentos alejados de jardines y de otros animales domésticos, a veces nunca vemos pulgas ni otros parásitos. Sin embargo, es recomendable utilizar durante los meses cálidos algún sistema preventivo y sobre todo mucha vigilancia. En los que salen a la calle y contactan con otros animales se hace absolutamente imprescindible el uso de collares, sprays o pipetas spot-on antiparásitos que, en general hacen un efecto barrera porque las inhiben y además, si llegan a picar, las matan.
Entorno: Es importantísimo mantenerlo limpio si recordamos que las pulgas pasan gran parte de su ciclo vital sobre el suelo (mantas, alfombras, la bandeja de los excrementos, basuras...) y en él crían del orden de 50 huevos al día. Para ello se recomienda ventilar, sacudir todas las mantas y cojines y lavar todos los tejidos que no se estropeen en la lavadora. Al resto, pasarles el aspirador, limpiar todos los suelos e incluso fregar con lejía en suelos que lo admitan. Existen potentes insecticidas específicos de entorno.
- Garrapatas
Parásitos chupadores de sangre, existen muchas especies que podemos encontrarlas en nuestro país,. De éstas, algunas afectan de forma específica a cada tipo de animal y otras pueden ser compartidas. Pueden afectar al hombre, pero no por saltarnos directamente desde el gato sino por, como sucede con la pulga, llegar desde el ambiente.
Una vez saltan al animal desde el suelo, vagan por su cuerpo hasta encontrar la localización adecuada (que suele ser únicamente la cabeza, ya que en cualquier otra zona la arrancarían con la lengua y los dientes). Una vez allí introducen un aparato chupador (de forma indolora) y se quedan _enganchadas_ durante muchas horas mientras se alimentan. Si no son detectadas, cuando se sienten satisfechas y el felino sale nuevamente al campo, se desprenden voluntariamente para caer al suelo y continuar su ciclo.
Aunque son poco frecuentes en los gatos, para detectar si el nuestro tiene alguna garrapata debemos hacer un meticuloso examen de su piel, palpando a contra-pelo y con las yemas de los dedos, a la búsqueda de pequeños nodulitos (el tamaño puede oscilar desde la cabeza de un alfiler hasta una alubia de más de un centímetro de longitud).
Si encontramos alguna, la forma de extraerla es: atontarlas ligeramente con un algodón empapado en alcohol o aceite durante unos segundos y a continuación, con finas pinzas, extraerlas desde la parte más cercana a la piel del gato para que salga entera (se trata de no romper el cuerpo de la garrapata y que pueda quedar el aparato chupador en la piel del gato). Luego hay que matarla quemándola o en un frasco de alcohol, porque si la dejamos viva o la aplastamos en el suelo estamos diseminando sus huevos.
La creencia popular mantiene que si arrancamos mal una garrapata y queda su cabeza adherida al gato, éste se pondrá muy enfermo. Es cierto que si eso ocurre estamos dejando una vía abierta en la piel con mayor riesgo de infección, pero también en casos de garrapatas muy bien eliminadas o incluso en las que voluntariamente se han soltado puede formarse un nódulo o quiste como reacción del organismo del animal a la picadura del parásito.
A lo que sí debemos temer, por resultar un problema grave, es a la transmisión de ciertas enfermedades por parte de algunas garrapatas. Pero si tenemos la mala suerte de que la garrapata que pica a nuestra mascota (o a un ser humano) está a su vez infectada por ciertos virus, es muy posible que nos los inocule provocando graves enfermedades (como la Babesiosis). A este respecto, recientes estudios indican que es mejor eliminar la garrapata sin tocarla más que en un único y rápido movimiento en el que, con unas pinzas y desde la piel del gato, la extraemos entera, sin darle tiempo a escupir su saliva con virus.
Resulta, pues, obvio que lo importante no es cómo quitar la garrapata, sino evitar que llegue a picar.
La prevención se realiza de forma similar a las pulgas:
- Animal: Mediante collares, sprays o pipetas spot-on: antiparásitos tanto de pulgas como de garrapatas
- Entorno: Puesto que, como la pulga, pasan gran parte de su ciclo vital sobre el suelo y de hecho la hembra preñada salta de su huésped para irse a poner los huevos en el ambiente, ante la más mínima sospecha de que esto pueda haber sucedido en nuestro hogar hay que ventilar, sacudir todas las mantas y cojines y lavar todos los tejidos que no se estropeen en la lavadora. Al resto, pasarles el aspirador así como a todos los suelos e incluso la fregona con lejía en suelos que lo admitan. Recordar que disponemos de potentes insecticidas de entorno.
- Para los excursionistas, montañeros, cazadores: Recientes estudios recomiendan llevar las piernas bien tapadas en nuestras salidas al campo, introduciendo el extremo de los pantalones en medias altas, de manera que los parásitos no accedan a nuestra piel. Igualmente se recomienda echar un poco de spray (del gato) en botas o pantalón.
-Sarna:
Enfermedades de la piel producidas por unos parásitos denominados ácaros. Puede haber varios tipos que causen enfermedad en los animales o el hombre:
- Sarcoptes scabiei (Sarna sarcóptica)
- Cheyletiella (Cheyletiellosis)
- Otodectes (Sarna otodéctica o de la oreja)
Aunque con algunas variaciones entre ellas, en general podemos considerar que se trata de parásitos oportunistas, que están presentes en un número muy limitado en los animales sanos y que proliferan causando enfermedad en estados de bajas defensas, animales jóvenes y enfermizos. Sin embargo, una vez instaurada la enfermedad en algún animal, éste se convierte en una potente fuente de parásitos y suele ser bastante contagioso.
Son síntomas típicos de sarna en el gato el enrojecimiento de la piel, la aparición de costras e intenso prurito. El diagnóstico exacto solo puede hacerse mediante raspado de la piel dañada y detección del parásito al microscopio.
Los tratamientos suelen consistir en baños o nebulizaciones con productos específicos. A veces ayudados de ciertos medicamentos inyectados, no deben constituir un problema excesivamente serio, aunque suelen hacerse largos e incluyen una obligada desinfección lo más exhaustiva posible del entorno.
- Hongos (Micosis)
Son organismos vegetales que han desarrollado la capacidad de parasitar a otros organismos para alimentarse. Muy pocos de todos los existentes pueden crecer en los animales o el hombre. De forma similar a las sarnas, se trata de seres con los que estamos en contacto permanente, normalmente sin que causen enfermedad, y que en ciertos momentos de bajadas de defensas o en cachorritos débiles suelen atacar. De hecho, el gato joven, recién destetado y un poco debilitado, es el animal que más frecuentemente sufre de micosis. Las formas clínicas:
- forma localizada: Los síntomas más frecuentes son pocas manchitas circulares con caída de pelo, generalmente con cierta descamación.
- forma difusa: Con afección de la piel y pelo de manera global. Bastante común en cachorritos de gatos persas con un único síntoma de presencia de caspa distribuida en pequeñas manchas, con mechones a veces fáciles de arrancar con la mano.
- portadores asintomáticos: Aparentemente sanos, sin ningún signo clínico.
Los tratamientos suelen consistir en champús especiales y cremas o pomadas tópicas. En casos de reincidencias o animales sospechosos de ser portadores, recurrimos a tratamientos sistémicos a base de comprimidos de unas tres semanas.
PRIMEROS AUXILIOS
Apatía, falta de apetito, menos actividad de lo normal, carácter huidizo o por el contrario búsqueda de nuestro contacto, son los primeros signos de que a nuestro gato le pasa algo son:
Pasos a seguir:
- Toma de temperatura
- Observar el color de sus mucosas (ojos y boca)
- Toma de pulso
- Observar si aparecen nauseas, salivación, si ha defecado y/o orinado anteriormente. Asegurarnos de que todo sea normal y que no hay diarreas y/o sangre en orina o heces.
- Ver si existen heridas en el cuerpo o nódulos calientes en alguna zona del lomo, cortes o cojeras en alguna pata
- Observar su respiración: Ver si es normal o está acelerada, si existen estornudos, goteo nasal o supuración extraña.
- Fijarnos en el aspecto de los ojos: si están enrojecidos o ha variado su color y tamaño, si hay legañas, si están asimétricos, etc.
Toma de temperatura
Se realiza con ayuda de otra persona y siempre por vía rectal. Alguien sujetará la cabeza del gato por el pescuezo sin permitir que se gire para morder, y la otra persona levantará el rabo e introducirá el termómetro por el orificio anal, apoyándolo en el lateral para no tomar la temperatura de las heces si las hubiera. Puede usarse un termómetro habitual de mercurio pero será más cómodo y rápido con uno digital (además, los termómetros de mercurio no son aconsejables como instrumentos domésticos por el riesgo de que se rompan y se entre en contacto con el metal). La temperatura normal del gato es de 38,5 grados hasta 39. Si sobrepasa esta medición, consulte a su veterinario. No administre antipiréticos orales (fármacos para bajar la fiebre) al gato sin consultarlo porque pueden resultarle tóxicos.
Observación del color de las mucosas
Se realiza en la mucosa oral y en la palpebral del ojo. Levante suavemente y sin asustarlo el hocico del gato hasta comprobar el color de las encías. Si éste es muy pálido o casi blanco, hable con su veterinario. Este signo, acompañado de otros síntomas, puede significar desde dolor hasta problemas sistémicos graves. Aprenda y acostúmbrese a ésta práctica cuando el gato esté sano y así nos evitaremos sustos innecesarios. La mucosa palpebral se mirará bajando el párpado inferior suavemente hasta ver el color del interior.
Toma del pulso
Se puede intentar palpar el pulso del gato en la cara interior del muslo, en la pata trasera. Debe ser firme y fuerte. Esta práctica no es del todo fácil si no se está acostumbrado a tomarlo, pero se puede intentar, ya que es indolora y rápida.